Curando los traumas

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¡Esta semana tenemos una visita muy especial en el círculo Awakin de Burgos! Nos visita Claude Anshin Thomas, excombatiente en Vietnam, ahora reconvertido a monje zen. Viaja por el mundo sanando las heridas de los combatientes enseñandoles a enfrentar su pasado a través del mindfulness. Esta semana, aprovechando la visita de Claude leeremos uno de sus textos 🙂

CURANDO LOS TRAUMAS

de Claude Anshin Thomas

Imagina por un instante que estás de pie bajo la lluvia. ¿Qué piensas habitualmente cuando la lluvia cae a tu alrededor? Yo, cada vez que llueve, camino en la guerra.
A los 17 años me enrolé en el ejército americano, como voluntario para la guerra de Vietnam, en una unidad de helicópteros. Al final de mi estancia recibí 25 medallas, lo que significa cerca de 625 horas de combate. En todas esas misiones de combate maté gente, pero nunca les vi como personas. En una ocasión la unidad de infantería a la que dábamos apoyo pidió ayuda porque les estaban disparando desde un pueblo. Emprendimos vuelo, abrimos fuego y destruimos el poblado , sin pensar. Destruimos todo. La matanza fue absolutamente loca. Matamos todo lo que se movía: hombres, mujeres, niños, búfalos, perros, gallinas. Sin sentir nada, sin pensar en nada. A los dos o tres meses de llegar a Vietnam había sido directamente responsable de la muerte de varios cientos de personas. Y hoy, cada día, puedo ver sus caras.
Durante dos temporadas lluviosas estuve en combate, y durante el monzón en Vietnam el tremendo volumen de agua lo deja todo húmedo y embarrado. Ahora, cuando llueve, aún voy caminando por campos de jóvenes que gritan y mueren. Aún veo líneas de árboles que se desintegran bajo el napalm. Aún oigo jóvenes de 17 años llorando por sus madres, sus padres y sus amigos. Solo después de volver a experimentar todo eso puedo volver a la experiencia de que ahora simplemente está lloviendo.
Lo podemos llamar “flashbacks”. Puedo estar en una tienda de ultramarinos, cogiendo una lata de vegetales, y de repente me invade el miedo porque pienso que la lata puede ser una bomba-trampa. Racionalmente, sé que no es cierto, pero durante una año viví en un entorno donde este miedo era real, y hasta ahora soy incapaz de procesar esta experiencia de la guerra.
Pero esta no es solo mi historia. Esto ocurre todos los días en el mundo. Cada día hay personas que reviven la guerra, su experiencia de violencia, de calamidades o de traumas. Todo el mundo tiene su Vietnam. Todo el mundo tiene su guerra.

Al volver de la guerra estuve nueve meses en el hospital, curando mi hombro. Al salir era incapaz de relacionarme o de reintegrarme en mi cultura. La guerra seguía presente en mis pensamientos. Y empecé a usar drogas para tapar mi dolor y mi soledad; para ocultar mi rechazo; para esconderme de los sonidos, las caras, los olores que se aferraban a mí como un spray de mofeta.
Comencé a correr. Corrí y corrí, tratando de escapar de mis sentimientos, de correr hacia lo seguro. No dejé de correr hasta 1983. Mi huida tomó varias formas: drogas, alcohol, tabaco, sexo, cambio de residencia. Nunca viví mas de 6 meses en el mismo sitio, porque era incapaz de tener a nadie a mi lado, porque pensaba que si alguien me conocía, me iba a odiar.

En 1990 vivía en Concord , Massachussets, y una trabajadora social, una mujer generosa y maravillosa, me habló de un monje budista que había trabajado con veteranos de Vietnam, con algún éxito al ayudarles a entrar en paz consigo mismos. A pesar de intensos miedos y dudas, entré en su programa. En el retiro, Thich Nhat Hanh nos dijo: “ Vosotros , veteranos, sois la luz en lo alto de la vela. Os quemáis, candentes y brillantes. Entendéis profundamente la naturaleza del sufrimiento.” Nos dijo que la única manera de sanar, de transformar el sufrimiento, es mirarlo de frente sufriendo, para entender los detalles íntimos del sufrimiento y cómo nuestra vida presente está afectada por él. Nos animó a hablar de nuestra experiencia y dijo que merecíamos ser escuchados, que merecíamos ser comprendidos. Nos dijo que representábamos una fuerza poderosa para sanar el mundo.

Mi encuentro con el budismo me introdujo en la vida consciente, prestando atención a los más pequeños detalles de los pensamientos, los sentimientos y las percepciones; el término que define esta forma de vivir es mindfulness. Vivir con atención, más despierto, no es un planteamiento nuevo; estas enseñanzas han existido durante más de 2500 años. No es una enseñanza específicamente budista, aunque fue enseñada de forma explícita por el buda. Mindfulness expresa el corazón de todas las enseñanzas espirituales, y el corazón de todas las enseñanzas espirituales es mindfulness.
Mindfulness no hace que automáticamente me sienta menos invadido por pensamientos y recuerdos, pero me ayuda a vivir de una forma más armoniosa con ellos. Al colocar mi atención en mi respiración, veo que mis pensamientos son solo pensamientos, que se desplazan y cambian, llegando y marchando como nubes.

Aún hay veces que mis experiencias de la guerra están aquí, en el instante presente. Cuando estos pensamientos, sentimientos y percepciones entran con fuerza en mi conciencia, me concentro en no atarme a lo que llega, y en no rechazarlo. Esto no significa que estos pensamientos, sentimientos y percepciones se vayan, porque no lo hacen. La sanación no es la ausencia de sufrimiento.

Durante un tiempo viví en la comunidad budista de Thich Nhat Hanh, en Plum Village. Allí aprendí la práctica de usar una campana para recordarme volver a mi respiración; la campana de mindfulness. La campana de mindfulness no es una tradición solo budista. En la edad media era una tradición cristiana: cuando sonaba la campana era una invitación a dejar el trabajo, y a pensar por un momento en los regalos que uno había recibido y en la naturaleza de la propia vida.

Claude Anshin Thomas es un veterano de la guerra de Vietnam y maestro zen. Actualmente guía retiros de meditación para veteranos de guerra, incluyendo jóvenes que han vuelto de Irak y Afganistán.

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