Kantidada, un flujo inagotable

De Nipun Mehta 

La primera pregunta fue inusual: “¿Cuánto tiempo has estado haciendo esto?” Después de quedarnos completamente asombrados con su trabajo, en minutos, fue la única cosa que vino a nuestras cabezas. Él sonrió, casi a carcajadas y dijo “muchas vidas”. En ese momento, no sabía que Kanti-kaka había recibido el honor más alto en India – Padmashree – como escultor, o que sus esculturas de 15 pies estaban colocadas de manera anónima en lugares como Union Square, o que había vivido con Mahatma Gandhi o Vinoba Bhave.

Todo lo que sabía es que estaba sentado enfrente de un santo de 80 años, sencillo, de quien tenía mucho que aprender.

Para ver inspiración primero tienes que abrir los ojos. Así que anduvimos 2 horas antes de conocer a Kanti-kaka, como es ahora hábito nuestro. Gente viajera como somos, no concertamos ninguna cita; si tiene que ser, será.

Y hoy tenía que ser.

Entramos en una casa sencilla, con abundantes árboles chikoo y alrededor de 2 docenas de pavos reales merodeando libres por debajo. La mujer de Kanti-kaka murió hace muchos años y él no tiene hijos, así que permaneció con su hermana en una casa sencilla con un almacén adjunto que le servía como taller.

La primera cosa que notas es la impresionante altura del techo. Casi inmediatamente después de eso, ves las estatuas de 15 pies, alineadas una detrás de la otra…cada una con su expresión única. Y entonces sientes una gran sensación de paz.

Un hombre delgado y frágil con ojos brillantes, camina lentamente hacia nosotros y nos saluda. Muy rápido empezamos a compartir historias. De meditación a espiritualidad a anécdotas con almas legendarias; Kanti-kaka es fuerte, dentro y fuera. Es obvio porque este hombre transporta una presencia tan poderosa.

“Si un niño te pregunta, ¿Cuál es el propósito de la vida, que…” Kanti-kaka me corta y dice: “El propósito está en el futuro. ¿Por qué necesitas un propósito? Cualquier cosa que esté delante de ti es tu propósito”.

“Hay una historia sobre los Upanishads. Un hombre joven vuelve de la universidad pensando que lo sabe todo. Su padre le dice que encuentre una rama de un árbol Banyan y que encuentre el origen de ese árbol. El hijo vuelve con una semilla. El padre entonces le insta a abrir la semilla y encontrar su origen. El hijo declara “no hay nada”. “Bien hijo, es de esa nada que todo ha aparecido. Si no conoces esa nada, tu no conoces nada.” Concluye el padre.

Todos compartimos una bonita risa.

“Has pasado tiempo con muchos santos, muchos te han visitado, has trabajado con tantos otros. ¿De quién has aprendido más? Pregunté. “Hay muchos gurus, pero no muchos sad-gurus. Todos los sad-gurus siempre señalan a tu propia alma como tu profesor último”.

Realmente sentí que Kanti-kaka estaba reflejando lo que estaba en mi mente, así que seguí lanzando preguntas: “Tienes una sala de meditación. ¿Meditas?” Con una mirada sabía y aún inocente dice: “Sí, amo meditar. Me siento en silencio 30-40 minutos todos los días. Pero cuando meditas ya has hecho un compartimento sobre lo que no es meditación. Meditar tiene que ser un flujo constante de 24 horas. El test real de la meditación es cómo manejas las situaciones de tu vida. Si tienes preferencias y no puedes aceptar la vida tal y como viene entonces no estás meditando.”

Claramente, para mí, este hombre está hablando de dharma.

Entonces Kanti-kaka describe cuando viajó hasta Nueva York, solo para que le fuera negada la entrada. Estuvo sentado casi 18 horas en el aeropuerto, sin moverse, en el mismo punto. Eventualmente tenía que regresar a India. Finalmente resultó ser un error de otros. “Sea cual sea la situación, tienes que tener la habilidad para mantenerte tranquilo, ser capaz de decirte a ti mismo, siéntate y quédate tranquilo” añadió.

Anandamayi Ma, un famoso santo indio con millones de seguidores, viene a casa de Kanti-kaka a encontrar esa “quietud”. “Cuando necesite paz vendré aquí” le dijo una vez.

No hay nada especial en el lugar, excepto el laboratorio de Kanti-kaka. Cada pieza es un acto de devoción, una expresión de su alma. Aunque fue tentado una vez, ninguno de sus trabajos lleva su nombre. No tiene benefactores; todo, cada pequeña cosa que posee será donada al país después de su muerte.

Antes de que nos vayamos le tuve que preguntar la gran pregunta. “Kaka, ¿qué consejo nos daría?” Él sonríe “¿Consejo? No tengo consejo. ¿Cómo puedo dar yo consejo? Tú has encontrado tus propias respuestas, en las profundidades de tu propio ser. Está todo ahí, esperando a ser descubierto”

Ahí está. Todo sobre la humildad, sabiduría y dignidad de Kaka aunado en una respuesta.

Al lado, Jayesbhai pliega el periódico en sus manos. Hemos retenido a Kaka mucho tiempo; él estaba excitado, nosotros también, pero era obvio que necesitaba un descanso.

(Incidentalmente Jayesbhai sostenía un artículo sobre Kanti-kaka: “La verdad, dios, yo. Simplemente como agua, vapor y hielo”)

“Kaka, será mejor que nos vayamos. Tienes que estar cansado”. Con su siempre sincera sonrisa concluye: “Un torrente nunca se cansa de fluir”.

Por unos momentos, nosotros también fluimos.

 

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