Vida y muerte de Ishwar Patel

De Nipun Mehta

Minolta DSC

El 26 de diciembre de 2010 cuando nos enteramos de la muerte de Ishwar Patel, una inspiración desde hace mucho para nuestra familia, Guri y yo nos sentamos a meditar. Justo después le dije a Guri, “Creo que tengo que ir a India”. Cuando me conecto a internet para comprar mis billetes, recibo un mail inesperado de un amigo que me sorprendió regalándome un billete de ida y vuelta para India. La sincronización fue tan asombrosa que acepté y pronto partí para India.

Ishwar-kaka es el padre de mi querido amigo Jayesh Patel. Empezó a hacer voluntariado con una de las organizaciones de inspiración Gandhiana, Seva Dal, a los 12 años. Después de cruzarse con una experiencia dolorosa acerca de los tabúes de los recolectores de excrementos humanos, Ishwar-kaka dedicó conscientemente su vida al trabajo de saneamiento y sensibilización a favor de  “los intocables”.

Entonces él tenía 16 años. Aún hoy, más de 2600 millones de personas en el mundo no tienen letrinas; el río Ganges recibe 1.1 millones de litros de aguas residuales sin tratar cada minuto. Y esos números serían mucho mayores si no hubiera sido por una vida entera de servicio de Ishwar-kaka. Construyó más de 200.000 letrinas a través de Safai Vidyalaya en el Gandhi Ashram, y ayudó en la creación de 118 organizaciones que mejorarían el trabajo de saneamiento por todo el país.

Con una estrategia basada en la ciencia, Ishwar-kaka investigó los hábitos de los indios de las zonas rurales y construyó letrinas únicas adaptadas a sus necesidades. Se dio cuenta de que las mujeres de los pueblos no usaban letrinas con 4 paredes porque eso significaría que las mujeres no irían juntas a las granjas y perderían entonces un tiempo privado solo para ellas; entonces decidió incluir pequeñas ventanas en las letrinas y un espacio comunitario (“oatlo”) a la entrada de las letrinas. En el patio delantero de su oficina creó un “Parque de las Letrinas” que mostraba muchos de sus diseños. “La gente tiene jardines de rosas, pero nosotros tenemos un jardín de letrinas”, diría orgulloso a sus muchos visitantes. Los emprendedores comerciales amasaron millones patentando sus diseños, pero el reusó patentar porque siempre quiso que sus inventos fueran accesibles para los más pobres de India.

Desde el Padma Shri al premio Mahatma Gandhi, Ishwarkaka recibió prácticamente todos los principales premios que se dan en India. Después de su muerte, la televisión re-emitió muchas de sus antiguas entrevistas. Me quedé con una frase que resume su filosofía: “Construir letrinas es fácil, pero cambiar los corazones y las mentes de las personas es el verdadero trabajo. El software es más importante que el hardware”.

Más de 10.000 personas acudieron al funeral de Ishwar-kaka en el Gandhi Ashram. Los oficiales del gobierno tuvieron que cerrar la calle para manejar el flujo de tráfico. Mientras tod@s estaban en silencio mostrando sus últimos respetos, la magia de Ishwar-kaka era evidente. El hombre más rico de India estaba al lado de los recolectores de excrementos humanos y junto a ellos, políticos poderosos o reconocidos Gandhianos, vendedores de verduras, los vecinos de la puerta de al lado, y niñ@s que habían leído algo sobre él. Para una amplia gama de la sociedad, Ishwar Patel era un héroe.

También estaba en el funeral todo el personal del hospital con quien Ishwar-kaka pasó sus 12 días finales. Aunque ellos conviven con la muerte de pacientes todos los días, algo en este hombre les movió a acudir y mostrar su respeto.

Cuando Ishwar-kaka fue llevado al hospital en la mañana del 14 de Diciembre, los médicos sabían que era el principio del fin. Su cuerpo tenía 4 tipos de cáncer en fase terminal. No podía tumbarse. “Imagínate estar trepando una montaña empinada y quedarte sin respiración. Este era su estado las 24 horas al día durante los últimos 12 días”, dijo el médico. Y aún así, nada de negatividad. Nada. En vez de eso, él estaba sonriente, haciendo bromas, e interactuando con cientos de personas que fluían por su habitación para una última conversación. En vez de perder su clarividencia, se volvió más clarividente hacia el final. Cuándo la gente le pedía sus bendiciones, él pronunciaba una o dos frases que iban directamente el corazón de sus caminos espirituales.

En la puerta de su habitación en el hospital, cerca de 20 personas hicieron vigilia por las noches. Muchas personas vinieron a visitarle y a emitir buenos deseos o a hacer actos de amabilidad.  Una persona repartió flores a todos los pacientes del hospital. Otra limpió todos los suelos para rendirle homenaje. Un grupo de jóvenes pintó las paredes y decoró la terraza como regalo para el hospital. Algunos cantaron canciones. Una persona regaló 1500 manzanas porque Ishwarkaka amaba las manzanas. “Crea el cielo donde quiera que estés”, dijo una vez Ishwar-kaka. Y eso era exactamente lo que estaba pasando.

 En un momento, las 12 perforaciones en su cuerpo no estaban respondiendo bien a los fluidos externos así que el médico tenía que hacer una hendidura en su cuello. Cuando le preguntaron si quería anestesia, él dijo: “oh, no hace falta, puedes hazlo sin más”. El médico, sorprendido, hizo lo que se le pedía y se dio cuenta de que Ishwar-kaka ni siquiera pestañeaba mientras le operaba. Después de muchas manifestaciones de increíble desapego del cuerpo, uno de sus cuidadores le preguntó: “Tu cuerpo está muy dañado. ¿No sientes ningún dolor? Él respondió instantáneamente: “En un coco joven, la cáscara y la sustancia interna están unidos y no pueden separarse. En un coco maduro pueden separarse fácilmente. Yo ahora soy como un coco maduro. Mi mente está desapegada del cuerpo.”

Los hombres sabios dicen que mueres de la forma en que has vivido. Como un verdadero Gandhiano, Ishwar-kaka vivió toda su vida sirviendo a los demás, y no sirviendo a sus sentidos.  Como resultado, cuando llego el momento de abandonar sus sentidos, no tuvo miedo. De hecho, cuando Jayesh-bhai (su hijo) le preguntó: “Papa, ¿Tienes miedo a la muerte?”, él dijo: “Para nada, si tiene que llegar mañana deja que llegue hoy”. Tampoco estaba muy preocupado por su legado. Cuando Jayesh-bhai compartió con él las dudas que le sobrevenían al plantearse si sería capaz de mantener el espíritu de servicio de su padre o la gestión de su organización de la misma manera, Ishwar-kaka le dijo: “No te preocupes por lo que otros digan. Haz siempre lo que tu voz interna te diga, incluso si enfrenta a una tradición entera. Tienes que florecer dónde sea que has sido plantado. Continúa sirviendo a través de pequeños actos de amor.”

Ishwar-kaka vivió esos últimos momentos con tanta libertad porque su vida había sido precisamente eso, una práctica enorme de pequeños gestos de amor.

El 13 de diciembre, en el memorial de su vida, su nuera, Anar-ben hizo llorar a todos los presentes a través de sus historias. En sus primeros días de matrimonio, Anar-ben recuerda un día en el que, a pesar de tener fiebre hizo las tareas del hogar.  Mientras ella barría la casa aquel día, se dio cuenta de que Ishwar-kaka fregaba el suelo silencioso detrás de ella. No solo era un gesto contracultural en aquellos días que un hombre de la India fregara el suelo, sino que era también un gesto de delicada sensibilidad. No intercambiaron palabras en aquel momento, pero Anar-ben lloró aquel día y también muchas décadas después recordando la historia el 13 de Diciembre.

Ese es el tipo de vida que Ishwar-kaka vivió. Silencioso servicio desinteresado. “Si un acto deja residuo, no es un acto de servicio”, le dijo a uno de sus invitados en el hospital.

Como hijo muy unido a su padre, Jayesh-bhai pasó los 3 últimos meses de su vida junto a él, sirviéndole incondicionalmente. Recuerda: “Mi padre siempre pensaba en los demás primero, toda su vida. No me sorprendió que muriera después de que los niñ@s celebrarán con él las Navidades el día 25. Y murió también un domingo, para hacer más fácil para todos la celebración de los rituales finales. Muchos de nosotr@s tuvimos la sensación de que aguantó los últimos días de extremo dolor físico solo para que todos nos sintiéramos satisfechos y completos. Su frase favorita era: “Subbhecchha”, que significa, mis mejores deseos. Siempre decía esa frase, sonriente, cuando entraba a casa. Constantemente deseando lo mejor para los demás”.

En la mañana del 26 de diciembre el cuerpo de Ishwar-kaka dejó de funcionar. Todas las máquinas del hospital dejaron de dar señales de vida. Inmediatamente después Jayesh-bhai avisó a familiares y amigos cercanos. Unas 20 personas estaban en la habitación del hospital. Jayesh-bhai cerró con dolor los ojos de su padre. Entre aquellas personas estaba Vasuda-kaki, la mujer de Ishwar-kaka. Quizá irracionalmente, Vasuda-kaki le dice a su marido: “Los últimos 52 años, cada vez que nos hemos despedido hemos dicho: “Jai-Jalaram (una oda a lo divino). Por favor, abre tus ojos y di Jai-Jalaram.” Su cuerpo prácticamente no tenía hálito, los médicos le habían declarado muerto, sus ojos estaban cerrados. Casi milagrosamente, Ishwarkaka abrió sus ojos. Sonrió. Con una profunda compasión en su mirada, miró a todos. Después miró a su esposa, una última vez y dijo “Jai-Jala”, sus últimas palabras.

 Con la misma facilidad gentil con la que sirvió, un hombre de 77 años dejó su cuerpo a las 8:10 del 26 de diciembre.

Tradicionalmente, el hijo mayor ofrece las cenizas de la cremación a un río sagrado. “Él es el padre de tod@s”, declara Sanjaybhai (su hijo mayor). De ahí, en un acto sin precedentes de descentralización, un autobús con 70 personas llevo sus últimos restos al río Narmada. Ishwar-kaka decía a veces, “limpias el mundo externo como una manera de limpiar tu mente”. En el lugar de los rituales, 70 de nosotr@ cogimos nuestras escobas para limpiar las sucias márgenes del río.

Mientras nuestras mentes se purificaban, nuestros corazones se llenaban de agradecimiento por haber conocido a alguien tan noble como Ishwar Patel

Original en inglés:

http://www.servicespace.org/blog/view.php?id=2287#sthash.26kQCaTh.dpuf

 

Silhouette Indian girls and boys

 

 

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