La renovación da valor a las cosas

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por Martin Prechtel

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En los pueblos, la gente solía construir sus casas con materiales tradicionales, no usaban hierro o madera o clavos, pero las casas eran magníficas. Muchas se cosían juntas hechas de corteza y fibra. Como con la casa del cuerpo, la casa en la que una persona duerme tiene que ser muy bonita y robusta, pero no tan robusta como para que no se rompa al cabo de un tiempo. Si tu casa no se rompe no hay razón para renovarla. Y es la renovación la que da valor a las cosas. El mantenimiento da sentido.

El secreto de la unidad y la felicidad del pueblo ha sido siempre la generosidad de la gente, pero la clave de esa generosidad es la ineficiencia y el deterioro. Como las cabañas de nuestro pueblo no fueron construidas para durar mucho, tenían que ser renovadas regularmente. Para hacer esto, los habitantes del pueblo se unían, al menos una vez al año, para trabajar en la cabaña de alguien. Cuando tu casa se estaba cayendo invitabas a toda la gente. Los niños pequeños corrían alrededor revolviendo todo lo que los mayores estaban haciendo. Las mujeres jóvenes traían el agua. Los hombres jóvenes llevaban las piedras. Los más mayores les decían a los otros que no lo estaban haciendo bien. Una vez que la casa ya estaba arreglada de nuevo entre todos, comían juntos, elogiaban la casa, reían y lloraban. En unos pocos días, se iban a la siguiente casa. De esta forma, las casas de todas las familias eran rehabilitadas y recordadas. Así es cómo funcionó siempre.

Entonces llegaron los misioneros y los hombres de negocios y los políticos y trajeron casas robustas de hojalata y madera. Ahora las casas duran pero las relaciones no.

De alguna forma, las crisis unen a las comunidades. Incluso hoy en día, si hay una inundación, o si alguien va a construir una autopista en nuestro vecindario, la gente se une para solucionar el problema. Los Mayas no esperaban a que viniera la crisis; ellos creaban la crisis. Su espiritualidad se basaba en desastres coreografiados – conocidos como rituales—en los que todo el mundo tenía que trabajar junto para rehacerse la ropa, o la casa de cada uno, o la comunidad, o el mundo. Es rehacer, renovar, lo que finalmente hace fuertes a las cosas. Eso también pasa con nuestras casas, nuestro lenguaje, nuestras relaciones.

Es un delicado equilibrio, hacer que algo no sea tan endeble que se desmorone pronto, ni tan sólido que sea permanente. Requiere un tipo de habilidad especial. Todos queremos hacer algo que vaya a perdurar después de nosotros, pero esa cosa no debería ser una casa o un objeto físico. Debería ser un pueblo que continúe manteniéndose a si mismo. La constante renovación es la única permanencia que deberíamos desear lograr.
 

Criado en Nuevo Mexico en una reserva India, Martin Prechtel es el autor de “Los Secretos del Jaguar que habla y la Larga Vida”, “Miel en el Corazón”. El extracto de arriba es de una entrevista para “Sun Magazine”. 

Texto original en inglés en Awakin.org

Traducción cortesía de María Ayala

Preguntas Semilla para la Reflexión: ¿Cómo te relacionas con la idea de que la renovación es lo que da valor a las cosas ? ¿Puedes compartir una historia de alguna vez en la que hayas sentido la renovación a través de la ineficiencia y la impermanencia? ¿Qué te ha ayudado a valorar la impermanencia?

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