Cada semilla lleva un secreto

por Angela Fischer

Cada semilla lleva un secreto.

Nunca conoceremos plenamente ese secreto, porque pertenece al misterio de la creación. Sin embargo podemos reaprender lo que cientos de generaciones hicieron antes que nosotr@s, a vivir con los secretos, para usarlos como regalos y para honrarlos como una fuente de vida en este Planeta.

El primer paso para aprender a vivir con un secreto es escuchar. Cuando era una niña pequeña, mi madre me dio una semilla de frijol. Me enseñó como plantarla en una maceta llena de tierra oscura y cómo mantenerla calientita y húmeda. Y después tenía que esperar.

Para una chica joven esto tomó mucho tiempo. Cada mañana yo solía visitar mi semilla, invisible en la oscuridad de la tierra, y como no podía ver nada,  recuerdo que en vez de eso trataba de oír algo. Fue por aquel entonces que mi madre estaba embarazada, y yo solía poner mi oreja en su barriga para comunicarme con el bebé que no podía ver ni tocar. Así que hice lo mismo con la semilla invisible: ponía mi oreja cerca de la tierra y escuchaba. No recuerdo si alguna vez oí algo, pero recuerdo ese escuchar. Era como una conversación íntima, a pesar de ser silenciosa y de que nadie más la oyera.

La semilla es un símbolo del más profundo misterio de la creación y, al mismo tiempo, la semilla misma es el misterio. Por miles de años l@s agricultor@s han sabido cómo escuchar estos misterios y así encontrar maneras de cómo cultivar y cosechar, cómo preservar las semillas, cómo proporcionarles las mejores circunstancias, considerando las condiciones de la tierra y el clima, y considerar cuánto nos conectan con el pasado y el futuro, nuestr@s ancestr@s y nuestr@s niet@s. Esto viene de una antigua sabiduría femenina sobre la conexión con la Tierra, del conocimiento de que luz nace de la oscuridad y de la intimidad de los círculos de la vida.

Cada semilla contiene una luz. A través de la codicia y la desconexión de lo sagrado de la vida, esta luz está amenazada. Las semillas genéticamente modificadas se hacen estériles. Si se le quita la fertilidad a una semilla, también se le quita su luz, se va. La luz divina que está presente en cada semilla se manifiesta a través de su fertilidad, a través del potencial para crecer y para ser una fuente de vida nueva. Cuando esta luz se va de una semilla, se va de toda la creación y nuestras almas empiezan a pasar hambre.

Así como toda semilla acoge una realidad externa tanto como una realidad interna, así necesitamos cuidarnos de maneras internas y externas. Necesitamos proteger la pureza, la diversidad y la libertad de las semillas a través de un compromiso externo, pero también necesitamos proteger lo sagrado de la vida interiormente. La forma de hacerlo internamente es mantener la conciencia de lo sagrado en nuestros corazones, para recordar y respetar los misterios femeninos de la creación, y escuchar profundamente. La misma luz que contiene el corazón de la semilla biológica también está presente en nuestro corazón: es la semilla del amor.

Nacida en 1955, Angela Fischer es una autora Sufi de varios libros sobre espiritualidad femenina y la unidad de la vida, e imparte seminarios y retiros de meditación desde que sus veintes. El extracto de arriba es de su libro ‘Semilla Sagrada’.

La traducción es cortesía voluntaria de María Ayala

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