Si quieres ser rebelde, sé amable

por Nipun Mehta, Nov 29, 2011

La policía había declarado al lunes 14 de noviembre del 2011 como el día de la redada en el campamento de Ocuppy Oakland. Fue el primer sitio del movimiento Ocuppy Wall Street que convocó a una huelga general que cerró el quinto puerto más grande del país; también fue la primera reunión de Ocuppy que reportó un tiroteo y un homicidio, al haberse elevado la violencia policial. Con las tensiones como marco en medio de un caos político, la policía aumentó su represión. Cientos de miles de dólares se gastaron en la preparación de la redada, se llamó a policías de alrededor del estado de California y la incertidumbre flotaba en el aire.

Una noche antes, Pancho Ramos Stierle escuchó acerca del aumento de las tensiones en la comunidad y pensó: «Si la policía está intensificando su violencia, necesitamos intensificar nuestra no violencia.» Así que esa mañana de lunes a las 3:30 AM, Pancho y su compañero de casa Adelaja fueron al sitio de la redada de Ocuppy Oakland. Con la espalda recta y postura de medio loto, empezaron a meditar. Muchas facciones de protestantes estaban alrededor, pero la presencia de fuertes meditadores cambio la vibra completamente. Alrededor de las 6:30 AM, la policía apareció con toda su fuerza. Equipamiento completo antidisturbios, gas pimienta, balas de goma y gas lacrimógeno entre otras armas. Muchos medios de comunicación estaban presentes, esperando una historia de titulares acerca de esta increíble escena de tensión. En lugar de eso, encontraron a 32 personas, todos en paz, con Pancho y Adeleja meditando con los ojos cerrados en medio de la plaza. Mientras la policía los arrestaba cumpliendo órdenes, la gente tomó fotos, particularmente de dos meditadores sonrientes rodeados por policías que se veían como si estuvieran listos para ir a la guerra. En menos de un día, la foto llegó a millones de personas alrededor del mundo, la redada de Ocuppy Oakland terminó sin violencia alguna, excepto la de la presencia de la policía y sus armas letales.

Una experiencia así puede ser suficiente en la vida. Pero para Pancho no fue algo tan especial. En pequeñas y grandes cosas, él siempre está buscando cómo ofrecer su compasión en los lugares más inesperados.

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Educado en la parte del planeta que llamamos Méjico, Pancho se fascinó por las estrellas, planetas y galaxias. Él siempre miraba al firmamento y admiraba el cosmos sin fronteras en el que habitamos y se imaginaba a sí mismo mirando desde el espacio hacia abajo al Planeta Tierra sin ver ninguna línea entre los países. Él visualizaba un mundo unificado y cuando obtuvo una beca completa para estudiar el cosmos en la Universidad de California en Berkeley, su visión recibió un gran impulso. Se mudó a Berkeley para hacer un doctorado en Astrofísica.

Un día en el campus, afortunadamente entabló una conversación profunda con un conserje y le hizo darse cuenta de lo increíblemente difícil que era la vida del conserje. Algo se despertó en él y empezó a buscar soluciones activamente. «Me di cuenta de que en lugar de doctorados (PhD’s), lo que el mundo necesita son más seres humanos enamorados de la acción y de la vida (PhDo’s)», recuerda Pancho.

Al paso del tiempo, Pancho se dio cuenta de que su investigación apoyaba una institución que activamente producía armas nucleares. Eso le dio un vuelco a su vida. No solamente dejó de cooperar con el sistema universitario, sino que se rebeló y empezó a levantar su voz disidente.

Cuando sus quejas cayeron en oídos sordos, participó en un ayuno de nueve días con otr@s estudiantes y profesores de alrededor de California pidiendo un diálogo abierto con los rectores de la UC, el cuerpo directivo de la Universidad de California. El ayuno culminó en una audiencia pública de los rectores. Cuando la petición de los estudiantes fue denegada, entrelazaron sus brazos en protesta no violenta y se sentaron pacíficamente. Para separarlos, se le ordenó a la policía dar un castigo ejemplarizante a un@ de ell@s. Levantaron a un hombre, lo azotaron contra el piso, le pusieron una rodilla en el cuello, torcieron sus brazos detrás de su espalda y lo esposaron sin piedad. Los simpatizantes empezaron a gritar ante tal muestra inhumana de comportamiento hacia un frágil estudiante que no había ingerido ni un bocado de comida por nueve días. Ese hombre no era otro que Pancho.

La historia hubiera terminado ahí, pero la fuerza de Pancho residía más allá de su cuerpo. «Era un dolor insoportable», recuerda Pancho. Tal vez el oficial de policía escogió a Pancho por su delgada complexión, pero la fuerza externa no se equipara con la fuerza interna de Pancho. La injusticia era obvia, pero Pancho sabía que no había que culpar al policía. En un movimiento no ensayado de compasión pura, Pancho, con todo el amor en su corazón, miró directamente a los ojos del policía y dijo: «Hermano, te perdono. No estoy haciendo esto por mí, no estoy haciendo esto por tí. Hago esto por tus hij@s y por l@s hij@s de tus hij@s». El desbordante amor emanado del corazón de este hombre, en nueve días de ayuno, era innegable. Este no es el tipo de encuentro para el que los policías han sido entrenados. Viendo su confusión, Pancho mostró su empatía y cambió el tema. Mirando el apellido en la placa del oficial de policía, le preguntó su nombre, y tratándolo como un miembro de su familia, dijo: «Hermano, déjame adivinar, te debe de gustar la comida mexicana». [Pausa incómoda] «Sí», contestó el policía. «Bueno, conozco un lugar en San Francisco que tiene las mejores carnitas, sopes y quesadillas, y sabes qué, cuando acabe con esto y tú acabes con esto, me gustaría terminar este ayuno contigo, ¿qué dices?»

El oficial de policía estaba completamente anonadado, su humanidad irremediablemente se activó. ¡Aceptó la invitación! Perdiendo amablemente el contacto visual, él y otros oficiales caminaron alrededor de Pancho y tod@s l@s camaradas -doce de ellos- para, voluntariamente, aflojar las esposas que estaban muy apretadas. En silencio.

Existen aquellos que usan ira, sarcasmo y parodia para enfrentar una acción injusta. Pancho lo hace con el simple y radical poder del amor. Si él tuviera un superpoder, sería ese. Él es un soldado temerario de la compasión, incondicionalmente dispuesto a mostrar un feroz espejo de amor.

Para Pancho, el mundo entero, cada momento, es su campo de práctica. Cuando recientemente le preguntaron qué lo motiva, su respuesta fue clara: meditación y pequeños actos de amabilidad. La meditación profundiza su conciencia, mientras que los pequeños actos de amabilidad profundizan su interconexión. O como Pancho lo resumiría: «La meditación es el ADN de la revolución de la amabilidad». Desde que fue a su primer retiro de meditación, él continuó meditando todos los días. «Pancho 2.0» es como se llama a sí mismo desde entonces. Es como si hubiera descubierto una nueva tecnología para combatir nuestro mundo en llamas.

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La espiritualidad a menudo ve al activismo como una atadura innecesaria, mientras que el activismo a menudo ve a la espiritualidad como un escape contemplativo. Para Pancho, en cambio, los dos caminos se funden en uno. La meditación es servicio interno, mientras que el servicio es meditación externa.

En Arizona, cuando Pancho fue arrestado por protestar en contra de las leyes de migración que el presidente Obama llamó inconstitucionales, él sonrió pacíficamente cuando le tomaron la foto en la cárcel. Uno de los alguaciles le gritó: «¡Deja de sonreír!» Inmediatamente se ve lo ridículo de la solicitud. Varios años atrás, algunos de l@s amig@s de Pancho vivieron en un árbol para comenzar un diálogo sobre «la tala de árboles de 300 años en 30 minutos»1. Cuando las autoridades pusieron una barricada para matar de hambre a l@s guardianes de árboles, Pancho empezó a meditar y a esparcir «metta» (amor y amabilidad) a tod@s l@s de su alrededor. Mientras estaba meditando pacíficamente debajo del árbol, fue arrestado. Su delito literalmente fue: «Perturbando la paz».

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Pancho encuentra en Gandhi su gran modelo a seguir para un cambio social integral. A lo mejor por primera vez, la historia había visto a alguien manifestando cambios sistémicos radicales en el mundo únicamente a través del poder de la transformación interna. Gandhi se opuso a la acción injusta, no solamente sin violencia sino con amor radical por todos los seres, incluyendo la persona que estaba haciendo el daño; y por cada acto de resistencia, él abogaba por nueve acciones más para un cambio social constructivo.

«La no violencia no es solo una filosofía de resistencia. Es una forma de vida. La no violencia es los pensamientos que tenemos, las palabras que usamos, la ropa que vestimos, las cosas que decimos. No solo es la ausencia de violencia, ni siquiera la ausencia de querer causar daño. La no violencia es un estado en el que tu corazón está tan lleno de amor, compasión, amabilidad, generosidad y perdón, que simplemente no tienes ningún lugar para la ira, frustración o violencia», describe Pancho.

Cuando Pancho paró de cooperar con el sistema de la Universidad de California, perdió su visa de estudiante. Inspiradas por su valentía, más de una docena de personas le propusieron matrimonio –incluidos tres hombres– para restituir su estatus. Él agradeció el gesto pero escogió mantenerse indocumentado. Más que estar en una ubicación geográfica o en otra, él estaba más interesado en florecer en donde esté plantado. Estar así, de repente, indocumentado, le reveló lo que ello significa para 11 millones de personas que viven en la parte del planeta que llamamos Estados Unidos; no podía trabajar, no podía tener una cuenta de banco o una tarjeta de crédito, no podía tener nada propio y tenía que trabajar en empleos de salarios bajos, sin ningún seguro, solo para sobrevivir.

Aquí tenemos a alguien con la capacidad de ser un científico en astrofísica, cuyo padre es un intelectual economista y escritor, pero que decide vivir sin recursos financieros para poder estar más al servicio del pueblo. Él se sostiene meramente de capital social. Su tendencia a buscar constantemente ser de ayuda le hace ganarse much@s amig@s, que le hospedan cada día de la semana. Y en los días en los que no tenía anfitrión, vivía en el bosque («La Catedral de las Secuoyas» como él mismo lo nombró). Tales detalles no son de gran importancia para Pancho. Todas sus posesiones caben en un par de mochilas, mientras que su vida se organiza alrededor de actos de servicio.

Cuando Pancho se enteró de la situación tan conflictiva que había en el vecindario del este de Oakland, se conmovió. Abundante en enfrentamientos de pandillas -incluida la pandilla institucionalizada de la Policía- es un área de la que mucha gente ha escrito. Cada semana, los residentes escuchan los disparos de balas, y no es exageración. Es una comunidad con 53 tiendas de alcohol y ninguna tienda de frutas y verduras sin químicos ni pesticidas ni transgénicos. Las tensiones entre la Policía y la comunidad continuaban aumentando, mientras que los programas sociales tradicionales no habían funcionado muy bien.

Pancho decidió hacer algo al respecto de una manera diferente. En lugar de ayudar desde fuera, quería volverse un@ de ell@s; en vez de solo recibir ayuda externa, se preguntaba si la comunidad además de descubrir sus habilidades ocultas, podría compartirlas libremente con los demás.

Con algun@s amig@s con el mismo corazón, Pancho alquiló una casa justo en medio de la frontera entre dos pandillas. Llamaron a su casa «Casa de Paz2». Los valores compartidos3 de la casa incluyen 2 horas de meditación diaria, no consumir bebidas alcohólicas y una dieta vegana. Y no hay candados en las puertas, cualquiera puede entrar en cualquier momento.

Cada martes y jueves por la mañana meditan y hacen yoga en el parque César Chávez (que ha sido lugar de varios tiroteos en meses recientes). La gente tiene todo tipo de reacciones a sus meditaciones públicas. Una vez, un hombre medio borracho, con los ojos rojos, estaba vagando por el parque con su novia. Al principio se burlaron sarcásticamente. Pero al acercarse a Pancho y sus dos compañeros sentados con piernas cruzadas en meditación, Pancho abrió sus ojos para interactuar de manera amorosa. Mientras que Pancho alcanzaba algo de su mochila, el hombre instintivamente buscó algo (posiblemente una pistola) en su bolsa del pantalón. «Hermano, una fresa ecológica y local fresca para ti», le dijo Pancho mientras sostenía el rojo, comestible y tentador regalo de la naturaleza.

En otra ocasión la hija adolescente de su vecino intentó suicidarse un viernes por la tarde. Los sonidos de las sirenas de los bomberos y la ambulancia provocaron algo de pánico en la comunidad, pero para Pancho y sus compañer@s era otra oportunidad de repartir amor. Se presentaron para encontrarse con sus vecin@s con una tetera caliente, mientras la familia compartió sus problemas. Al mes siguiente, esa misma chica adolescente se volvió amiga y se interesó en los proyectos de agricultura de Casa de Paz.

Otra vez, como una travesura, unos cuantos adolescentes estrellaron escandalosamente botellas de alcohol vacías en las calles. En lugar de esconderse con miedo, Pancho corrió hacia fuera descalzo. Los chicos pudieron verlo y él a ellos, y en lugar de enojo, Pancho, humildemente, se inclinó y empezó a recoger los pedazos de vidrio quebrado. Algo en esa acción sorprendió a los jóvenes y entonces regresaron lentamente. «Hermano, ¿ves esa casa de allá? Tienen una niña pequeña y cuando camine por la calle no queremos que se lastime», les explicó Pancho en un castellano fluido. Los chicos empezaron a ayudar a recoger los pedazos rotos, y no solo eso, sino que también tomaron como modelo a seguir a estos vecinos, guerreros del amor.

Casi todos los días, ell@s facilitan estas transformaciones. De forma aislada, estas son solo pequeñas historias. Pero conjuntamente, su impacto se suma: une a la comunidad, crea nuevas conexiones, lima las diferencias. Es como el silencio entre las notas que permite que la música pueda ser escuchada.

«Mucha gente habla, pero muy poca puede predicar con el ejemplo. Vivir en esa comunidad es duro, pero vivir en Casa de Paz es aún más duro. Simplemente se niegan a comprometer sus valores, incluso en diminutas formas, cuando nadie está mirando. Una vez, les dije que tal vez sus preceptos eran algo rígidos, y Pancho abrió un libro y me enseñó los 11 votos4 que Gandhi sostenía en su comunidad. No pude decir nada ante eso», recuerda Kanchan Gokhale, una vieja y querida amiga mía.

Una de las prácticas de Casa de Paz son los «lunes de silencio». Siguiendo la tradición de Gandhi, Pancho guradaba silencio cada lunes. Incluso en aquel noviembre 14, el día de la redada de Ocupa Oakland, que resultó ser lunes, Pancho se mantuvo en silencio por principio. Mientras el policía antidisturbios lo arrestaba, le escribió en un pedazo de papel: «Los lunes practico silencio. Pero me gustaría que escucharas que te estimo y te quiero». El oficial sonrió. ¿Cómo no sonreír?

«Aparentemente, Pancho no posee nada. Aun así, es la persona más generosa que jamás he conocido», dice Joanna Holsten, otra amiga.

¿Cómo puedes dar cuando no tienes nada? Esa paradoja es la que hace brillar a Pancho. En una ocasión, cuando una amiga le preguntó cómo podriá ella servir, él la llevó al Mercado de Agricultores local con dos sillas. Él le pidió que se sentara en una silla y en la otra puso un letrero: «Escucho Gratis».

Cuando Pancho y sus amigos vieron fruta desperdiciada en el jardín de unos vecinos, le propusieron cosechar la fruta y dársela a l@s vecin@s y gente que pasaba: «Esto es un regalo del Este de Oakland». Un sábado, dieron cerca de 113 kilos de naranja orgánica fresca.

Para Pancho, esa generosidad creativa, una especie de «contemplactivismo» (giftivism5 en inglés, actos radicales de generosidad que cambian el mundo), adquiere todo tipo de formas.

Pero sigamos con Ocuppy Oakland. De las 32 personas arrestadas ese día, 31 fueron enviadas a casa ese mismo día, con cargos menores. Pero a Pancho lo detuvieron con la intención de deportarlo. Rápidamente, se convirtió en un ícono de todo lo que está mal en el paradigma dominante. En dos días, veinte mil personas firmaron una petición para que liberaran a Pancho. En su comparecencia judicial, un grupo grande de personas apareció a meditar; nunca antes había sucedido en un juzgado y, de nuevo, esto confundió a los policías antidisturbios, quienes fueron atraídos al círculo. Gente de alrededor del Mundo llamó al jefe de la Policía del condado y a los representantes del Congreso. Los medios de comunicación de muchos lugares difundieron la historia. En diversos sitios alrededor del mundo se llevaron a cabo vigilias. Tras cuatro días de odisea, el juez de Distrito del Condado de Alameda retiró los cargos criminales y la ICE (Inmigración y Control de Aduanas) liberó a Pancho de la cárcel, sin fianza. Nadie puede explicar realmente esta acción, sin precedentes, de las autoridades. «Fue un verdadero milagro que lo soltaran», compartió Marianne Manilove en su muro de Facebook.

Francisco Ugarte, el abogado de servicio social de Pancho, felizmente informó: «Realmente no sabían qué hacer con él». Él fue el encargado de retransmitir las notas que Pancho escribía desde las distintas cárceles a las que fue enviado». «Diles que les quiero a tod@s. ¡Es un gran lugar para meditar!» fue el primer mensaje que envió a sus amig@s y a sus defensores. Del segundo mensaje, Francisco transmitió esto: «Pancho me pidió que les transmitiera que por alguna razón fue identificado como un preso particularmente peligroso, le hacen usar ropas rojas en la cárcel y estuvo encadenado para restringir el movimiento de sus brazos. Las cadenas eran de metal y rodeaban sus muñecas y su cadera. Al parecer este trato está reservado solo para reclusos “peligrosos”». No está claro por qué el Condado de Alameda hizo hecho esto. Pero después de una corta conversación, estuvimos de acuerdo, sin duda alguna: Pancho era la persona más peligrosa en la cárcel de Santa Rita – peligroso para el sistema entero. Como Pancho dijo: «El arma más efectiva en contra de un sistema basado en la avaricia y la violencia es la amabilidad».

Ser amable es de verdad el arma principal de Pancho. En caso de duda, sé amable. Inclusive en otras circunstancias, sé amable también.

Mientras Pancho fue encadenado en confinamiento solitario, utilizó sus zapatos como cojín de meditación. ¡Los mismos guardias empezaron a tomar fotos y a subirlas a sus muros de facebook! Inspirados por su ecuanimidad en condiciones de extremo estrés, algunos guardias incluso le preguntaron acerca de especificidades sobre la meditación. Uno de ellos se hizo su amigo y le regaló un «paquete» extra (un cepillo de dientes, una pasta de dientes, un pedazo de papel y un lápiz). Pancho limpió su celda de basura, papel de baño y otros desperdicios; y en un pedazo de papel escribió, «¡Sonríe! ¡Alguien ha tenido un acto de generosidad anónima hacia ti!»6, y dejó esa pasta de dientes y cepillo extra junto a la nota. «Quería embellecer la celda para la persona que viniera después de mí», diría después.

Las cárceles no tenían comida vegetariana, así que ayunó felizmente; comió dos naranjas en cuatro días. Regaló sus sándwichs de jamón a otros reclusos y conectó también con ellos en el espíritu de la generosidad. En tránsito, cuando tuvo más contactos con otros prisioneros, los educó acerca de sus derechos. A una agente de migración que lo encadenó, le dijo sonriendo: «Hermana, tu alma es demasiado bella para estar haciendo este tipo de trabajo». A lo que ella respondió con una sonrisa y dijo: «Gracias». La verdad, no hay mucho con lo que una pueda responder.

Cuando lo liberaron de la cárcel, muchos medios estaban buscándolo frenéticamente. El hombre no tiene ni siquiera un teléfono. Ese fin de semana, como todos, la mejor forma de poder encontrarlo era meditando en Casa de Paz7, o siendo voluntario en Karma Kitchen8, o ayudando en el Free Farm Stand9. «Multipliquemos los programas constructivos», diría mientras contaba una de las historias de Gandhi.

Desde anarquistas a administradores del Gobierno, la gente quiere a Pancho, no solo porque sostiene y personifica sus valores apasionadamente, también porque es genuina y constantemente movido por el amor. Cuando lo conoces, él te previene: «Hola mi familia me llama Pancho. Soy de la parte del Planeta que llamamos Méjico y, en Méjico, nos gusta dar abrazos», antes de cubrirte con su distintivo abrazo.

Jason Kal, anteriormente alistado en la armada naval, recuerda: «Cuando nos conocimos, casualmente le dije a Pancho que me gustaba su camiseta que decía a himsa (no violencia). Acto seguido, se quitó la camiseta y me la dio. Me quedé mudo. No había visto a nadie hacer eso». Hoy en día, Jason es compañero de Casa de Paz y un gran amigo.

Como Pancho frecuentemente firma sus correos electrónicos: «Si quieres ser rebelde, sé amable».

Referencias:

1.- Earthling opinion. The Berkeley Treesit and The Earth Swaraj. 2008. En línea.

https://earthlingopinion.wordpress.com/2008/11/11/the-berkeley-treesit-and-the-earth-swaraj/

2.- Michelle Moore. Karmatube. Vídeos. Casa de Paz. En línea.

http://www.karmatube.org/videos.php?id=4616

3.- La Casa de Paz at The Canticle Farm. Some shared values of our community home in Oakland … Documento en línea.

https://docs.google.com/document/d/1OqeS6zDnaMc9fFfbYNQSEXzCRV-pFwe8TOy_YnsHacU/edit?authkey=CLfVhNYL&hl=en_US&pli=1

4.- Gandhi Manibhavan. Gandhi’s 11 vows. En línea.

http://www.gandhi-manibhavan.org/gandhiphilosophy/philosophy_11vows.htm

5.- Nipun Mehta. Service Space. Introducing giftivism at the United Nations. 2011. En línea.

http://www.servicespace.org/blog/view.php?id=10038

6.- Kind Spring. Small Acts That Change The World. En línea.

http://www.kindspring.org/

7.- Awakin. Wednesdays on Fridays (Oakland, CA). En línea.

http://www.awakin.org/local/oakland/

8.- Karma Kitchen. Growing in Generosity. En línea.

http://www.karmakitchen.org/

9.- The Free Farm Stand. En línea.

http://freefarmstand.org/

Este artículo fue originalmente escrito para la revista Parabola Magazine, por Nipun Mehta de ServiceSpace.org. A Pancho se le puede encontrar mejor en  ServiceSpace/Pancho y en twitter.com/ONEworldcitizen y amig@s han creado una página para apoyar Casa de Paz.

Traducido por Claudia Gutiérrez del artículo original: “If  You Want To Be a Rebel, Be Kind.”.

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